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EL DESCANSO DOMINICAL

 

Así como Dios "cesó el día séptimo de toda la tarea que había hecho", así también la vida humana sigue un ritmo de trabajo y descanso. La institución del día del Señor contribuye a que todos disfruten del tiempo de descanso y de solaz suficiente que les permita cultivar su vida familiar, cultural, social y religiosa.

Por ello -precisa la Iglesia- durante el domingo y las otras fiestas de precepto, los fieles se abstendrán de entregarse a trabajos o actividades que impidan el culto debido a Dios, la alegría propia del día del Señor, la práctica de las obras de misericordia, el descanso necesario del espíritu y del cuerpo. Las necesidades familiares o una gran utilidad social constituyen excusas legítimas respecto al precepto del descanso dominical. Pero deben cuidar los fieles de que estas legítimas excusas no introduzcan hábitos perjudiciales a la religión, a la vida de familia y a la salud.

Los cristianos que disponen de tiempo de descanso deben acordarse de sus hermanos que tienen las mismas necesidades y los mismos derechos y no pueden descansar a causa de la pobreza. Por eso el domingo está tradicionalmente consagrado por la piedad cristiana a obras buenas y servicios humildes para con los enfermos, débiles y ancianos.

Los cristianos deben santificar también el domingo dedicando a su familia el tiempo y los cuidados difíciles de prestar los otros días de la semana.
El domingo es un tiempo de reflexión, de silencio, de cultura y de meditación, que favorecen el crecimiento de la vida interior y cristiana. A pesar de las presiones económicas, los poderes públicos deben asegurar a todos un tiempo destinado al descanso y al culto divino. Los patronos tienen análoga obligación con respecto a sus empleados.

Den todos los cristianos un ejemplo público de oración, de respeto y de alegría, y defiendan sus tradiciones como una contribución preciosa a la vida espiritual de la sociedad humana.
 

anecdotas y reflexiones