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¿qué puede aglutinar la familia?

Ocurre con un determinado tipo de cemento: pasado un tiempo -dicen que en torno a los cien años-, empieza a perder cohesión, hasta que acaba desmenuzándose. Los edificios construidos con él tienen, en consecuencia, los días contados: comienzan a cuartearse, les salen grandes grietas y, el día menos pensado, se vienen abajo.

Recordaba esta noticia, mientras pensaba en el problema de nuestras familias. ¿Qué les pasa? Muchas de ellas, que parecían firmes, que empezaron con alegría y caminaban al parecer tan unidas, un día comienzan a hacer agua: discusiones, silencios, mentiras..., hasta acabar deshaciéndose. ¿Qué está sucediendo?

En el matrimonio, no son solamente dos cuerpos los que se casan, sino dos personas. Y una persona tiene mucha hondura. Se necesita tiempo y calma, para irse conociendo, para irse abriendo al otro poco a poco. Horas y horas de escucha mutua: para encarar juntos los problemas de ahora y hacer proyectos para el futuro; para desahogar el corazón, compartiendo llantos y gozos.

Y, en esa escucha atenta, progresar en un aprendizaje imprescindible: llegar a verlo todo desde el otro. Y que los hijos entren también en ese diálogo constructivo, en ese dar y recibir. Es la difícil artesanía de la unidad. Diferente en cada caso. Maravillosa siempre.

Al comienzo, todo contribuye a hacerse la ilusión de que la otra persona es una maravilla sin mezcla de mal alguno. Pero comienza el traqueteo del camino, pasan las primeras mieles que deslumbran, y la convivencia comienza a perder lozanía. Pues bien, una manera de devolver constantemente a la relación su mejor brillo primero es aprender a perdonarse.

Pero ¿dónde está el cemento que aglutine, que haga posible, que dé sentido a todo lo dicho hasta ahora? «Por encima de todo, el amor». Si la vida en familia se mira desde cualquier óptica, pierde sus mejores valores, sus más estables soportes. ¿Dónde, si no, buscar la fuerza cuando la convivencia se hace difícil, o cuando la enfermedad se nos mete por las puertas, o la vejez nos cerca? Un amor lo más limpio posible, hecho de grandes momentos y de pequeños detalles, entregado y constante, paciente y alegre, delicado, incansable...

Será así, sólo así, como nuestra familia se convertirá en portadora de unos valores que la superan, en una auténtica «iglesia doméstica»: sacramento del amor que Dios nos tiene a todos en Jesús.

Jorge Guillén García

anecdotas y reflexiones