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¿BASTA AL HOMBRE LA CIENCIA?

¡La ciencia no ha enjugado aún una sola lágrima! La ciencia es la antorcha a cuya luz descubrimos las profundidades de la vida, sin poder

explicarlas.

La ciencia es un tesoro magnífico, y ¡ay de aquél que la desprecia! Sin embargo, a las cuestiones abrumadoras: «De dónde», «a dónde» y

 «por qué», que la vida nos propone a todos, la ciencia es hoy tan incapaz como hace milenios de dar respuestas satisfactorias.

Si nuestra ciencia, crecida de una manera asombrosa, no nos ha dado más felicidad, hemos de sacar consecuencias: La ciencia en

sí no es manjar suficiente para el alma humana.

El hombre es más que estómago y más que mero cerebro; por tanto, todo el caudal de ciencia no pasa de ser una nutrición unilateral

 porque le faltan algunas vitaminas, y cabalmente por esto se producen desórdenes en su vida.

 Hay dos cuestiones que obstinadamente rehúye la ciencia que apostató de Dios, sencillamente porque no las sabe contestar: ¿De dónde

 proceden todas las cosas y a dónde van?

anecdotas y reflexiones