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BATIR UN RÉCORD

Me parece que la mayor parte de la gente no es feliz porque, en lugar de dedicarse a vivir, a lo que se dedican es a batir récords. La gente no quiere vivir bien, aspira a vivir mejor que sus vecinos. Y así es como la vida se nos va convirtiendo en un torneo de envidias.

 El portero de la fábrica envidia al director porque tiene más dinero y vive mejor. El director de la fábrica envidia al gerente porque tiene una mujer guapísima. El gerente envidia al jefe de negociado porque le gana siempre al ajedrez. El jefe de negociado envidia al jefe de personal porque tiene unos hijos preciosos y que funcionan de maravilla en los estudios. El joven recién ingresado envidia al portero porque realiza un trabajo descansado, mientras a él lo traen como una peonza. Y así es cómo todos envidian a todos. A todos les falta lo que desean. Y, como a todos les falta lo que desean, creen que no pueden ser felices, ya que gastan más tiempo en soñar lo que les falta que en gozar de lo que tienen.

Sí, se diría que -la gente no aspira a ser feliz, sino a llegar a la felicidad antes y por caminos más floridos que sus compañeros o competidores. No importa tanto llegar a la meta como ser los mejores y más rápidos. Pero luego resulta que la verdadera felicidad consiste en disfrutar de lo que tenemos, en sacar el máximo de punta a nuestra propia alma y no en pasarse la vida soñando utopías.

Si la gente tuviera conciencia de las cosas que tiene, todos se sentirían millonarios. Si nos entregásemos a saborear lo que nos ha sido dado en lugar de luchar por lo que nos parece tan imprescindible, a lo mejor dejábamos de necesitar todo eso que ambicionamos.

Y así es como hay personas que son felicísimas haciendo una pequeña excursión a la sierra vecina, mientras otras bostezan dando la vuelta al mundo. Y hay quienes son felices con cuatro perras y quienes nunca se cansan de desear.

En conclusión, la única riqueza es nuestra alma, y basta ella sola para llenarnos de felicidad. JLMD

anecdotas y reflexiones