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BENDITA SEA LA RUTINA

No importa cuál sea nuestra rutina. Nos cansamos a veces -o muchas veces- de su monotonía. ¿Cómo cambiar el deslustrado color de lo ordinario? Responder a esta pregunta podría representar para muchos de nosotros descubrir el precioso filón que encierra lo cotidiano. Siempre suponemos que «alguien está haciendo «algo» más útil que lo que nosotros hacemos. Pero, como nos recuerda la Madre Teresa de Calcuta: «Dios no nos pide que tengamos éxito, sino que seamos fieles».

Cuando el teólogo de Harvard Henry Nouwen, abandonó su cátedra para irse a vivir con minusválidos, muchos se extrañaron de sus palabras -dichas meses después-«Mis publicaciones, honores, títulos... no valen en realidad nada». En su nueva vida, había descubierto lo que muchos deberíamos saber: la belleza de vivir en común; la alegría de cocinar una comida, de lavar una cara, de leer cuentos «para antes de dormir»; la paz interior que produce el sentirse solicitado por su nombre desde el otro extremo de la habitación, lo que nos recuerda que somos especialmente nombrados y solicitados.

Un jefe de personal, a quien llamaré Roberto, comenzó a tener tales problemas de audición que tuvieron que colocarle audífonos. Cierto día contempló resignadamente a la enésima solicitante de una colocación, que se presentaba en su despacho para una entrevista. La chica iba elegantemente vestida, con su larga cabellera rubia deslizándose delicadamente a ambos lados de la cabeza. Durante la conversación, Roberto se dio cuenta de que la mujer se inclinaba hacia adelante, observando atentamente el movimiento de sus labios y leyendo las expresiones de su rostro. Al continuar charlando y riendo, finalmente salió la verdad. También ella tenía las mismas dificultades de audición y padecía los mismos problemas diarios y turbaciones que sentía él. No habiendo nada que ocultar echó hacia atrás su pelo y le mostró los audífonos. «Por un instante me decía Roberto dos seres humanos que compartían las mismas heridas físicas disfrutaron de una amena conversación.»

Dice un conocido escritor: «Dios nos espera en nuestra actividad de cada instante. Dios comparte con nosotros el amor con que escribimos, el esfuerzo con que cavamos, la delicadeza con que tejemos; Dios está siempre con nosotros.» 

anecdotas y reflexiones