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Bienaventurados los limpios de corazón

"Limpios de corazón" quiere decir un corazón libre de toda clase de amor propio. De pocos hombres puede decirse tal cosa con mayor verdad que de San Antonio de Padua.

Desde la más temprana edad puso a Dios por encima de todas las cosas, para cuyo fin se ordenó de sacerdote (canónigo de San Agustín) en Lisboa, su ciudad natal. Sin embargo, cuando oyó hablar de los primeros franciscanos, le pareció que su propia vida era demasiado fácil, y se convenció de ello especialmente al ser llevados a Lisboa los cuerpos de cinco franciscanos martirizados en Marruecos. Juntóse, pues, a unos franciscanos (cambiando su nombre de Fernando por el de Antonio) y se fue a Marruecos.

En vez del martirio encontró y soportó una larga y penosa enfermedad, y regresó inútil en un barco que hacía rumbo a Portugal, pero que a causa de las tormentas fue empujado hacia Sicilia. Desde aquí se dirigió mendigando a Asís, donde San Francisco estaba celebrando el Capítulo de 1221. Antonio parecía tan enfermo y débil que ningún superior quería tomarlo; mas al fin un provincial lo envió, con el fin de que celebrara la misa para algunos frailes, a una ermita situada en una montaña cerca de Bolonia, donde ocupó el tiempo trabajando en la cocina, ocultando cuidadosamente el hecho de ser un orador maravillosamente dotado, uno de los mayores que jamás hubiese tenido la Iglesia. 

De los usuales motivos egoístas que dominan los corazones de los hombres - riquezas, fama, poder, ambición, éxitos y asimismo los deseos carnales-, ninguno pudo adulterar su sincero propósito de cumplir la divina voluntad.

"Ellos verán a Dios." San Antonio entró en la visión beatifica a la joven edad de treinta y seis años; pero ya en vida fue recompensado con la visión de Dios en forma humana. Poco antes de morir se hallaba en casa de un hombre de Camposampiero, cerca de Padua. Por la noche, aquel hombre vio una luz maravillosa que a torrentes caía sobre el jardín desde la ventana de la habitación de Antonio. Subió a ella para saber lo que ocurría y vio al Niño Jesús de pie sobre un libro abierto que el santo tenía en la mesa, con los brazos alrededor del cuello de Antonio, quien lo acariciaba amorosamente. Después, Antonio pidió a su amigo que guardara silencio respecto a aquella visión, y así lo hizo el buen hombre hasta que depuso delante del Papa para el proceso de canonización, pocos meses después de la muerte de Antonio.

anecdotas y reflexiones