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  CONTENTARSE CON LAS COSAS SIMPLES

 Para alcanzar la grandeza se requiere valor, pero se requiere aún más valor para contentarse con las cosas simples de la vida. Cada uno debe buscar lo que es gratificante en el sentido más estricto de la palabra.

Alguna que otra vez la búsqueda trae sorpresas, porque la felicidad poco tiene que ver con los logros personales. El sol, al salir y al ocultarse, despliega esplendorosos colores sobre cada centímetro cuadrado de la Tierra, a la vista de todas las criaturas vi­vientes. No hace falta saltar más alto que los demás para verlo.

¿En qué consiste la aventura de ser común? En atreverse a amar por el simple placer de dar amor. En trabajar con ahínco por la pura satisfacción de sentirse cansado al terminar la jornada. En interesarse por los demás, en compartir con ellos, darles algo de nosotros mismos y amarlos, porque ponemos nuestras vidas ordinarias en las manos de un Dios extraordinario. Al final de esta búsqueda no hay premio ni medallas. Pero no existen piezas de oro ni estatuillas cuyo valor iguale al de las satisfacciones más elementales.          

Marilyn Thomsen

anecdotas y reflexiones