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 DANIEL BROTTIER

Daniel Brottier nació en Francia y tras ser ordenado sacerdote estuvo siete años en Senegal, país que tuvo que abandonar por razones de salud.

 De regreso a Francia se dedicó a la atención de niños y jóvenes abandonados. Al estallar la primera guerra mundial marchó como capellán a las trincheras en continuo peligro de su vida. Acabada la guerra en 1923 fue nombrado director de la Casa de Huérfanos Aprendices de Auteil.

Cuando se hizo cargo de la dirección, tenía 175 alumnos acogidos. Trece años más tarde, al morir el padre Brottier, el alumnado se había multiplicado por ocho, con 1.400. Mantener aquella obra, sin subvenciones, en una sociedad que estaba renaciendo de sus cenizas, requería cuantiosas sumas de dinero. Para conseguirlo, puso el Beato Daniel toda su gran capacidad de trabajo, de creatividad y de relaciones. Pero, sobre todo, puso toda su fe y su confianza en la Providencia de Dios, que jamás defrauda a quien confía en él. Y tenía una excelente intercesora: su compatriota Teresa del Niño Jesús, canonizada en 1925, dos años después de tomar él las riendas del orfanato.

El P. Daniel supo aunar con la vida de oración, las cualidades de hombre de acción, que conoce y utiliza los mecanismos sociales y económicos al servicio de las grandes obras de Iglesia. En él se daban conjuntamente los contrastes de la acción y de la contemplación, de la fuerza y de la bondad, de la intrepidez y de la humildad, de poner todo su saber y entender al servicio de las obras que llevaba a cabo, -sobre todo, a favor de los niños y jóvenes abandonados- sabiendo que es el Espíritu de Dios quien da los frutos.

anecdotas y reflexiones