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LA ACTITUD MÁS RAZONABLE ANTE EL PROBLEMA DEL MAL

Vemos que el sufrimiento y el mal físico y moral prevalecen en el mundo. Si Dios permite tanta maldad y sufrimiento, ¿cómo podemos creer que Él nos ha creado para que fuéramos felices?

Debemos admitir que en esto existe un misterio, es decir algo que no podemos comprender plenamente, al menos no en este mundo. El insoluble «problema del mal» es algo que debemos aprender a asumir con tranquilidad de espíritu. Sin entrar a fondo en la discusión de este problema podemos hacer aquí unas breves consideraciones.

Algunos maestros tratan de aclarar este problema sosteniendo que mucha de la «maldad» del mundo no es consecuencia de la obra de Dios sino causada por los pecados y la malicia de los hombres, cuya libertad de acción es respetada por Dios. Esta explicación es válida pero no completamente satisfactoria ya que muchos sufrimientos son consecuencia de enfermedades y calamidades naturales que son «obras de Dios» y sobre muchos de los sufrimientos causados por la maldad de los hombres podemos preguntarnos. «¿Por qué Dios permite esto?»

Algunos sugieren otra solución a este problema. Dicen que «Dios escribe recto con renglones torcidos», es decir que Dios puede extraer el bien de la maldad que El permite, algún bien de un nivel superior. La verdadera solución del problema parece estar en esta interpretación. Pero aun así no representa una solución plenamente satisfactoria pues en muchos casos no somos capaces de ver «la escritura recta» de Dios.

Existe el peligro de sentirse frustrado por este misterio. Yo sugiero, al menos como norma de conducta práctica, que debemos acostumbrar nuestra mente a convivir serenamente y en paz con el no resuelto misterio del «problema del mal». Con ecuanimidad debemos afrontar los sufrimientos e incluso la maldad, que podemos ver a nuestro alrededor, en su dura realidad, pero debemos desear generosamente y con fervor hacer todo lo que podamos para atenuar los sufrimientos y el mal.

Me atrevo a decir que si nosotros con fe llegamos a aceptar el plan de Dios, tanto en sus claridades como en sus sombras misteriosas, podremos ver el problema del mal no tan sombrío y la perturbación que pueda causarnos se irá desvaneciendo prácticamente.

 

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