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EN EL FONDO DEL POZO

Volvía de Roma. En un asiento de avión me encontré, por casualidad, con un semanario italiano, «Il Sabato». En el editorial, di con un título que me llamó la atención: La domanda di Francesca, «La pregunta de Francesca» ¿Quién sería Francesca, qué pregunta haría? Así que, movido por el interés, leí el reportaje.

Francesca era una guapa muchacha de 21 años, brillante en sus estudios universitarios e hija de padres muy ricos. En la noche del 15 al 16 de mayo de 1992 fue encontrada muerta en los baños de la Stazione Tiburtina de Roma. Al lado del cadáver, una carta dirigida a sus padres decía, entre otras cosas: «Me habéis dado no solo lo necesario sino también lo superfluo; pero no habéis sabido darme lo indispensable. Por eso me quito la vida»

La revista hilaba consideraciones a propósito de la carta. Francesca hablaba de una melancolía en la que nadie había reparado hasta entonces. Una melancolía tan fuerte que la llevó al suicidio, y que parecía exclusivamente motivada por su falta de lo indispensable. ¿Pero qué quería decir con lo indispensable? ¿Por qué la falta de lo indispensable la llevó a una situación tan insoportable que dejó de verle sentido a su vida, hasta el punto de llegar a creer que no valía la pena vivirla? Y el editorial, después de varias investigaciones, dice que llegó a encontrar respuesta a estas preguntas precisamente en un pensamiento, subrayado por Francesca en un libro de Kierkegaard.

 Me vino entonces a la memoria un pensamiento paralelo de Saint-Exupéry: «el hombre es un nómada en busca del Absoluto». Palabras que parecen un eco de aquellas otras, tan conocidas, de San Agustín: «Nos creaste, Señor, para ti; y nuestro corazón estará inquieto hasta que en ti descanse». El hombre es un nómada en el desierto de la vida, en busca de algo tan perfecto, tan sublime, tan absoluto, que solo se puede encontrar en Dios.

Esto explica la insatisfacción de Francesca, su nostalgia, su ansiosa busca de algo ausente que, sin saber exactamente qué es, se vuelve hasta tal punto indispensable que la vida pierde todo su sentido si no se encuentra. Y en esto precisamente consiste la única verdadera tragedia humana: en buscar el Absoluto -el amor, la belleza, la verdad, la perfección- y no encontrarlo. Fue esto, en realidad, lo que pasó con Francesca, y es lo que sucede con millares de jóvenes que buscan ardientemente la felicidad y, sin saberlo, corren en la dirección contraria de donde ella se encuentra. En el fondo, tal vez inconscientemente, arden en deseos de grandes ideales, y sólo les ofrecen frivolidades, banalidades, mediocridades.

 

anecdotas y reflexiones