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EL ENFADO, ESE ENEMIGO

«Siempre tendremos razones para estar enfadados,pero esas razones rara vez serán buenas», dijo Benjamín Franklin. De hecho, somos muy capaces de enfadarnos por mil pequeñeces, y roer en nuestra cabeza los profundos motivos que nos han llevado al enojo. Un monólogo interno se encarga de alimentar y justificar ese enojo.

Pero, cada vez que obramos así, nos equivocamos. Cuantas más vueltas demos al asunto, más justificaciones encontraremos para seguir enfadados.(...)

A veces, cuando la conducta de alguien nos resulta molesta, una forma de abortar nuestro progresivo enfado es conocer los motivos reales de esa conducta, que en muchos casos son razonables. Sin embargo, nuestra irritabilidad puede cerrar los oídos y negarse a escuchar explicaciones o disculpas. Entonces es el momento de poner en práctica la táctica del enfriamiento. (...)

Lo normal es que descargar la ira sea contraproducente, pues nos lleva a decir o hacer cosas de las que nos arrepentimos poco después. En los momentos de indignación es fácil tomar decisiones o lanzar palabras que producen heridas de difícil curación. Y entonces nos encontramos con que algo muy valioso quizá se haya roto para siempre: un afecto, una confianza, una relación necesaria. Esto le puede suceder a un padre con su hijo, a un profesor con un alumno, a un médico con un paciente,a un sacerdote con un feligrés, a un abogado con un cliente...

Uno se puede librar de su cólera descargándola a gritos,pero suele ser más eficaz tratar de calmarse y entablar un diálogo orientado a resolver el problema.

anecdotas y reflexiones