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HEMOS SIDO CREADOS PARA SER FELICES

Cuando yo era un muchacho de 16 años y estaba a punto de terminar el bachillerato, fui con mis compañeros de curso a hacer un retiro de cinco días en Manresa, precisamente en el mismo lugar donde san Ignacio hizo su primer retiro y donde escribió el libro de los Ejercicios Espirituales.

 Fui con un indefinido anhelo de hacer un buen retiro. Pero nunca podía esperar lo que me sucedió. Fui, por así decir, sorprendido por el Espíritu. Fui subyugado por obra de Dios y de su felicidad.

Cuando salí del retiro me dio la impresión de que el mundo entero había cambiado. Todo era bueno y hermoso. Dios me había cambiado a mí y me había dado una nueva mente y un nuevo corazón.

A los treinta empecé mi ministerio sacerdotal. Traté de guiar a los demás hacia Dios y hacia la felicidad. La dirección de retiros y la dirección espiritual personal eran mis ministerios predilectos.

Creo que, con la experiencia de todos estos años, yo puedo decir algo a los jóvenes, y a los no tan jóvenes, que puede ayudarles a encontrar su camino hacia la felicidad. Cierto día Nuestro Señor dijo a Santa Teresa: «Teresa, qué ganas tengo de hablar a muchas almas, pero el mundo hace tanto ruido a su alrededor que no pueden oír mi voz. ¡Ah si se apartaran un poco del clamor del mundo!».

Amigo, Dios quiere hablarte, pero a solas y en el silencio de la plegaria. Dile, como los profetas del Antiguo Testamento: «Habla, Señor, que tu siervo te escucha» (1 Re. 3,9). Los Apóstoles se dieron cuenta de la necesidad de la oración cuando veían que Jesús se retiraba del contacto con los hombres y se iba a un lugar desierto o a una montaña a orar. Lo hace en los momentos principales de su vida, antes de tomar una decisión importante y comprometida; al comenzar su vida pública se pasa cuarenta días en el desierto haciendo oración y ayunando.

Jesús, no sólo buscaba el silencio y la paz de la oración, sino que invitaba a sus apóstoles a hacer lo mismo: «Venid aparte... y descansad un poco» (Mc. 6,31).

anecdotas y reflexiones