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HUMILDAD ES VERDAD

El soberbio generalmente no se cree que él es soberbio. El Santo Cura de Ars, en uno de sus sermones decía: «Pero lo más triste y lamentable es que este pecado sume el alma en tan espesas tinieblas, que nadie se cree culpable del mismo. Nos damos perfecta cuenta de las vanas alabanzas de los demás, conocemos muy bien cuando se atribuyen elogios que jamás merecieron; más nosotros creemos ser siempre merecedores de los que se nos tributan».

Combatir la soberbia no es tarea fácil, pero hay que pensar que si se logra mucho será lo que se alcance, pues nuestra soberbia habrá sido desplazada por la humildad que es la raíz de todas las virtudes. La soberbia genera el amor propio, y es ahí donde hemos de poner énfasis en la batalla, en vencer el amor propio, utilizando la humildad, ya que ésta, al rechazar el engreimiento, aumenta nuestra semejanza con Dios.

La humildad es el voluntario y verdadero reconocimiento de nuestra miseria frente a Dios. (...) Santa Teresa de Jesús cuenta: «Una vez estaba yo considerando por qué era Nuestro Señor tan amigo de esta virtud de la humildad, y se me puso delante, a mi parecer sin considerarlo, sino de presto, esto: que es porque Dios es suma Verdad, y la humildad es andar en verdad; que lo es muy grande no tener cosa buena de nosotros, sino la miseria y ser nada».

Nuestro Señor nos dijo: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí» (Jn 14, 6). Ésta es la única Verdad que existe, ¡y ay del que no quiera reconocerla y muera de espaldas a ella! Hubo un momento en que Pilato tuvo una oportunidad, y con un gesto displicente, fruto del orgullo romano, contestó a Nuestro Señor: « ¿Y qué es la verdad?».

La humildad está muy relacionada con la verdad y la realidad. Nosotros nos empeñamos en no querer ver la realidad o verdad de nuestra miseria, y ello nos lleva al orgullo. La humildad es sinónimo de verdad y autenticidad. El hombre (o la mujer) humilde se ve a sí mismo tal como es; tan sólo algo inferior a los ángeles y no obstante, sin nada en absoluto de lo que pueda enorgullecerse personalmente.

anecdotas y reflexiones