principal
   
 

 

 

LA GRAN AVENTURA DE LA EXISTENCIA

 
    Todos los hombres han dicho y repetido, y aún lo dicen en sus diversas lenguas, que el amor-o el encuentro con el otro-es la gran aventura de la existencia. Unanimidad impresionante, pero que no puede extrañar, si es verdad que el amor está inscrito en nuestra naturaleza y constituye la trama sobre la que tenemos que tejer nuestras vidas. Un pueblo, el pueblo judío, afirmó ante todas las naciones que el mismo Dios es el Otro por excelencia, que debe ser amado porque El ama primero y sale al encuentro del hombre, criatura suya. Fuera de Israel, ningún pueblo había llevado su audacia hasta prestar a la divinidad sentimientos de amor y de misericordia.

    ¿Afirmación gratuita? ¿Proyección de la experiencia humana, decepcionante, hasta un más allá ideal? En una palabra, ¿compensación?
Sin embargo, mirándolo más de cerca, qué tensión existía entre el pueblo judío y Dios. Cuántas dificultades en su búsqueda recíproca. ¿Y qué decir de su encuentro siempre aplazado?

    De pronto, la Palabra de Dios-tal como está expresada de un modo privilegiado en la Biblia-recoge todas las aspiraciones del hombre, al que revela, a la vez, su deseo más profundo y la opacidad de las tinieblas que le hacen extraviarse. Dios nos dice entonces que es infinitamente
más que el amigo que está en el cielo. Nos tiende la mano para arrancarnos de la soledad, es decir, de la muerte de una vida sin amor. Aún más, no quiere tener en cuenta nuestros rechazos ni nuestros olvidos, para permitir que gocemos, a pesar de todo, de la alegría del amor, de la verdadera vida.

 

anecdotas y reflexiones