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MONACATO PRIMITIVO EN TIERRA SANTA
(Tomado de la Revista “Reino de Cristo” 1995)

 

  El país de Jesús, la Tierra Santa por antonomasia, ocupa un lugar muy destacado en la historia del monacato primitivo. Su dignidad incomparable atraía irresistiblemente a gran número de anacoretas y cenobitas procedentes de todos los rincones del mundo cristiano. Los más eran peregrinos deseosos de venerar los santos lugares; no pocos afincaban en Palestina más o menos definitivamente.

   “De la India, de Persia y de Etiopía recibimos diariamente turbas de monjes”, escribía San Jerónimo desde su monasterio de Belén (Ep. 107, 2), y en la descripción de los funerales de Santa Paula menciona la asistencia de “enjambres de monjes,” que “entonaban himnos en diversas lenguas” (Ep. 108). Desde sus mismos orígenes fue el monacato palestino internacional.

   ¿Se ha de considerar a San Hilarión como el primer monje de Tierra Santa? Ya queda dicho que el monacato, si hemos de creer a San Jerónimo, empezó con él tanto en  Siria como en Palestina.

   Pero ¿Qué puede sacarse en limpio de la vida de Hilarión, tan llena de fábulas y elementos novelísticos? “En Egipto tenía el Señor al viejo Antonio – leemos - ; en Palestina al joven Hilarión” nacido cerca de Gaza y educado en Alejandría durante la persecución de Diocleciano, se convirtió al cristianismo a la edad de 15 años y se hizo discípulo de San Antonio en el desierto.

  Una vez bien formado monásticamente en la doctrina y los ejemplos del célebre anacoreta, regresó a su país y empezó a vivir como ermitaño no lejos de Majuma de Gaza, en un desierto infestado de bandidos que se extendía entre una laguna y el mar.

   Al cabo de 22 años de duro ascetismo y amorosa meditación de las Sagradas Escrituras, se fama de santo atrajo gran número de discípulos, procedentes de Siria y Egipto, algunos de los cuales eran todavía catecúmenos.

   Si hemos de creer a San Jerónimo, el año 330 marca con exactitud el principio del monacato en Palestina y Siria; pero ya hemos visto anteriormente en qué sentido hay que tomar la afirmación del biógrafo de San Hilarión.

   No se trata del principio del monacato en  aquellas regiones, sino de la introducción de la vida monástica según la concebían y practicaban los coptos.

   El género de monacato fundado por Hilarión cerca de Majuma hacia el año 330 sería muy semejante al que  estaba vigente en la colonia anacorética de Pispir bajo la égida de Antonio, aunque San Jerónimo nos habla de un “monasterio habitado por una multitud de hermanos” (Vida de San Hilarión).

   Tantos fueron los monjes que se congregaron en torno a Hilarión, que éste, anacoreta convertido y decidido a convivir y morir como tal, huyó a otra parte en busca de paz y recogimiento. Después de peregrinar a través de varios países, desembarcó finalmente en Chipre, donde murió en el 371, a la edad de 80 años.

 

    (Sor María Sánchez, O. S. H. Granada. En Revista Reino de Cristo, Agosto-Septiembre 1995)

anecdotas y reflexiones