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SABER CALLAR


    
Todos sabemos la importancia de la poda en los árboles, en los rosales ...

     También en nuestras vidas hace falta "poda". Es necesario cortar vicios, para que florezcan virtudes. y he pensado que una de las cosas que puede convenirnos "podar" un poco a todos es la lengua. Claro está que no con unas tijeras, sino sabiendo callar cuando es debido.

     He leído estos días que un autor decía: "Los labias deberían de ser como la puerta de casa. El arte de abrir y cerrar la puerta a su tiempo debería trasladarse al arte, más difícil aún, de abrir y cerrar la boca a su tiempo". Según él existe un arte de hablar y existe también un arte de callar, de guardar silencio.

     En la pared del comedor de unos amigos había colgado un pequeño cuadro, en el que leí lo siguiente: "Callar de sí mismo es humildad; callar los defectos ajenos es caridad; callar palabras inútiles es dominio de sí; callar a tiempo es prudencia; callar en el sufrimiento es heroísmo."

     Me gustó mucho; vamos a repasarlo un poco porque es muy denso. Un primer aspecto de la mortificación de la lengua, de este podar que os digo, es callar de sí mismo. No hablar cosas que puedan redundar en alabanza propia; y dice que esto es humildad. ¿Cómo va?

     Otro capítulo es callar los defectos ajenos. ¡Capítulo inmenso! A ver si estos días "podamos" también la lengua en este capítulo. Esto es caridad.

    Otro apartado también muy amplio: la conversación inútil, la palabra inútil, la pérdida de tiempo en conversación intranscendente, que ni va ni viene, cuando nos aparta del deber o de cosas más provechosas. Eso es dominio de sí. A propósito del tema, que estamos comentando, dice uno de los libros de la Biblia, el libro del Eclesiástico: "¿Quién pondrá guardia a mi boca y sello en mis labios para que no caiga por ellos y no me pierda mi lengua?" Y en un Salmo rezamos algo parecido: "Pon, Señor, guardia en mi boca y vela a la puerta de mis labios".

   Callar a tiempo, dice, es prudencia. ¡Cuántas imprudencias cometemos por la lengua! ¡Cuántas cosas lamentamos haber dicho!

    Y luego, el último capítulo, quizás el más hermoso y también el más costoso: callar en el dolor, en el sufrimiento. Y dice que esto es heroísmo. Pero  si le tensión o el genio que produce el dolor nos va a hacer faltar a la caridad... entonces buscar los oportunos alivios y desahogos, moderados pero necesarios, con personas de nuestra entera confianza y que sabemos nos van a comprender.

 Pensad qué a gusto se está al lado de una persona que sabe guardar esta gran virtud del silencio, en todos esos aspectos que hemos dicho. Una persona que es humilde, que es delicada y caritativa, que es dueña de sí, que es prudente, que es sacrificada. Y al revés, qué mal se está al lado de un orgulloso, de un chismoso, de uno que se irrita, de uno que no se domina, de uno que se queja todo el día.

 

anecdotas y reflexiones