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 textos marianos

Stabat Mater Dolorosa

 

(Se la llama la "Reina de las secuencias" y está considerada, junto con el Dies Irae y el Pange lingua, como una de las tres más grandiosas Odas cristianas. Se ha atribuido a muchos su paternidad: San Bernardo, San Buenaventura, San Gregorio Magno, Juan XXII, Inocencio III y, principalmente, a Jacopone de Todi (+ 1306). Pero no se sabe con certeza quién sea su autor. El gran Ozanam (+ 1853) ha dicho que "sus letras y sus monótonas estrofas caen como lágrimas". Aquí damos la traducción de Lope de Vega (+ 1635).

La Madre piadosa estaba / junto a la cruz, y lloraba / mientras el Hijo pendía; / cuya alma triste y llorosa, / traspasada y dolorosa, / fiero cuchillo tenía.
 ¡Oh cuán triste y afligida / se vio la Madre escogida / de tantos tormentos llena, / cuando triste contemplaba / y dolorosa miraba / del Hijo amante la pena!
 Y ¿cuál hombre no llorara / si la Madre contemplara / de Cristo, en tanto dolor? / Y ¿quién no se entristeciera, / piadosa Madre, si os viera / sujeta a tanto rigor?
 Por los pecados del mundo, / vio a Jesús en tan profundo / tormento, la dulce Madre; / y, muriendo el Hijo amado, / que rindió desamparado / el espíritu a su Padre.
¡Oh Madre, fuente de amor!, / hazme sentir tu dolor / para que llore contigo, / y que, por mi Cristo amado, / mi corazón abrasado, / más viva en él que conmigo.
 Y, porque a amarle me anime, / en mi corazón imprime / las llagas que tuvo en sí; / y de tu Hijo, Señora, / divide conmigo ahora / las que padeció por mí.
 // Hazme contigo llorar, / y de veras lastimar / de sus penas, mientras vivo; / por, que acompañar deseo / en la cruz donde le veo, / tu Corazón compasivo.
 Virgen de vírgenes santa / llore yo con ansias tantas / que el llanto dulce me sea; / porque su pasión y muerte / tenga mi alma, de suerte, / que siempre sus penas vea.
 Haz que su cruz me enamore, / y que en ella viva y more, / de mi fe y amor indicio; / porque me inflame y me encienda, / y contigo me defienda / en el día del juicio.
 Haz que me ampare la muerte / de Cristo, cuando en tan fuerte / trance vida y alma estén; / porque, cuando quede en calma / el cuerpo, vaya el alma / a su eterna gloria. Amén.