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 textos marianos

BAJO LA PROTECCIÓN DE MARIA

 

El Maphorion, el "Santo Velo" de la Madre de Dios, una reliquia que se consideraba auténtica, fue llevado desde Jerusalén a Constantinopla en tiempos de León I (457­474). El velo es un símbolo de protección.

El Libro de las Sinaxis Armenio celebra la deposición de la reliquia en la iglesia de Nuestra Señora de Blachernes con estas pala­bras: «Nos has dado, OH Dios misericordioso, a tu Madre como protección». El himno Akáthistos celebra la imagen de la Blacher­nitisá como «refugio de todo el mundo, más grande que el firmamento».

A continuación se refiere la noticia de un acontecimiento extraordinario sucedido en esta iglesia. Bajo León el Sabio (886-912), san Andrés Salos, un esclavo escita, junto con su discípulo Epifanio, tuvo una visión de cómo la Madre de Dios cubre todo el mundo con este «velo inmenso y tremendo más ancho que los cielos». La fiesta que conmemora el prodigio se llama en las Iglesias eslavas Pokrov, Protección, y se cele­bra el uno de octubre. La representación iconográfica es constante desde el siglo XV: el velo, sostenido por la Virgen misma o por los ángeles, está extendido sobre el pueblo cristiano.

 Occidente conoce la variante de esta imagen como la "Virgen del manto", bajo el que se refugian los fieles.

Ser protegidos por uno poderoso es la esperanza de los que se sienten pobres. En el evangelio se declara benditos a los pobres (cf. Mt 5, 3) porque están seguros de la protección de Dios. Pero el hombre es imagen de Dios. Protegido porque es pobre, él, al mismo tiempo, quiere proteger a los demás. La Virgen, protegida desde la eternidad de un modo absolutamente particular, se hace tam­bién ella protectora. «Bajo tu protección nos acogemos» es una de las oraciones marianas más antiguas.

Un detalle significativo puede ser el hecho de que el velo sea sostenido por las manos de los ángeles para que las manos de María estén libres para orar. Los bizantinos se atrevieron a dirigir a la Theotókos (Madre de Dios) las palabras que sin blasfemia no pueden referirse más que a Dios mismo: «No hay para nosotros ninguna esperanza fuera de ti».

Por medio de Cristo, la Maternidad de María es reflejo de la Paternidad de Dios que desciende al mundo como Providencia encarnada.

La unidad del pueblo de Dios en la antigua Ley estaba fundada en la sangre. La unidad de la Iglesia se refuerza con la circulación mutua de la gracia de todos los miembros. Esta comunicación sostiene y protege a cada uno de los fieles que, separado, se perdería: en cambio, unido a los demás y protegido por ellos, se salva.