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 textos marianos

LA VIRGEN MARÍA EN SAN IRENEO

 

Ireneo fue el primero de los grandes teólogos cristianos. Era oriundo del Asia Menor y vino a ser, posteriormente, obispo de Lyón (hacia 202). En su obra  se encuentran pasajes muy importantes que tratan de María y son particularmente interesantes en contraste con las historias o leyendas de los apócrifos.

Dado que Ireneo une en sí tanto la tradición oriental como la occidental, es testigo de excepcional importancia de una mariología fuertemente desarrollada. Toma de S.Justino la contraposición entre Eva y María:

 «La virgen María fue hallada obediente, porque dijo: "He aquí la esclava del Señor". Eva, por el contrario, fue desobediente, porque no obedeció a pesar de que aún era virgen. Y así como la que tenía por marido a Adán, pero no obstante era virgen aún, fue inobediente y causa de la muerte para sí misma y para todo el linaje humano, así María, que tenía destinado un esposo, pero no obstante aún era virgen, se convirtió, por su obediencia, en causa de salvación para sí misma y para todo el género humano. De esta manera fue también desatado el nudo de la desobediencia de Eva por la obediencia de María; porque lo que la virgen Eva ató por su incredulidad, lo desató la virgen María por su fe. Y si la primera Eva fue desobediente a Dios, la segunda, María, fue obediente, a fin de que la virgen María fuera la intercesora de la virgen Eva. Y así como por una virgen cayó el género humano en cautividad para la muerte, así fue también salvado por una virgen; porque la desobediencia virginal fue compensada en contrapuesta balanza por una obediencia virginal.»

 Para  Ireneo la obediencia de María vino a ser «causa de la salud», no sólo para sí misma, sino para todo el género humano, exactamente como Eva había sido causa de muerte, ya que María desató lo que había atado Eva. Es más, María se convierte en salvadora de todo el género humano. Ireneo ve ya en ella a la gran intercesora de la humanidad y, por su divina maternidad, consecuencia de su obediencia, toma parte en la obra misma de la redención, y es «el seno puro que da a luz al Hombre-Dios». De este modo está estrechamente unida con la Iglesia, no menos que por el «don de profecía», pues dice literalmente en la misma obra: «María exclamó profetizando en nombre de la Iglesia: "Mi alma engrandece al Señor"».