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LA PASTORA, EL FRAILE SABIO Y LA INMACULADA

 El día 11 del febrero de 2008 se iniciaron en la Basílica de Lourdes los actos conmemorativos del 150 aniversario de las Apariciones de la Virgen a Santa María Bernarda ( Bernardita) Soubirous que tuvieron lugar durante los meses de febrero y marzo del año 1858. Fueron 18 apariciones en su conjunto. En la ocurrida el 25 de marzo la " Señora " al ser interrogada por la vidente sobre quién era, reveló su identidad: " Soy la Inmaculada Concepción”

También ese año 2008 se cumplió el séptimo centenario de la muerte del Beato Juan Duns Escoto, fallecido el 8 de noviembre de 1308.

Una bellísima anécdota nos revela la personalidad mariana del franciscano Escoto.. A propósito de la doctrina de la Inmaculada Concepción se organizó una disputa pública en la Sorbona que fue presidiría por el Papa Clemente quien se encontraba entonces en Paris. Duns Escoto se  sentó para defender su tesis sobre el privilegio de la Virgen. Una tradición narra que antes de entrar en el Aula Magna pasando por delante de la Capilla de Palacio Real, en cuyo frontispicio había una estatua de María esculpida en piedra, Escoto se paró ante la imagen en recogida oración, susurrando estas hermosas palabras: “Haced Virgen bendita que pueda dignamente alabaros” .La estatua, iluminada por los tibios rayos del sol, inclinó la cabeza en señal de aprobación, y así ha permanecido hasta el día de hoy.

En las Apariciones Marianas de Lourdes la Virgen confirmó que había sido concebida sin pecado original. Así lo revela a la humildísima Bernardita Soubirous. Su válido mensaje se cifra en cinco ideas esenciales que vienen a ser como la columna vertebral del Evangelio: Pobreza, oración, penitencia, caridad y Fe en la providencia. En resumen: santidad cotidiana carente de estructuras complicadas. Medio milenio antes de Lourdes, un sencillo y sabio fraile menor franciscano, obra de la misma manera porque el esquema de las virtudes de los santos es siem­pre, necesariamente, el mismo.

Juan Duns Escoto amó mucho a María Inmaculada cuando se encontraba históricamente tan distante de la definición dogmática de este privilegio mariano.

Santa Bernardita contempló el rostro iluminado y glorioso de María, cuatro años antes de la proclamación de esta verdad de fe.

Es evidente que ambos nos trasmiten la misma lección exigente de amor filial a la Virgen, así como nos ofrecen, a la par, idéntico mensaje evangélico.   A.M.P.