principal
   
 

 

 

 textos marianos

EL CAMINO DE MARÍA, CAMINO DE LO PEQUEÑO

Muchas veces me desanimo y me dejo vencer por el desaliento cuando me detengo a ponderar o examinar mi vida interior. Ese diario empezar y ese diario volver a caer, casi siempre en las mismas faltas, va desgastando el ánimo -muchas veces lleno de soberbia- que necesito para seguir luchando contra mis defectos. Me gustaría el milagro de la conversión instantánea, fácil y sin esfuerzo, que, por otra parte, tanto podría agradar a Dios porque me permitiría vivir y recorrer más fácilmente el camino de la perfección y de la virtud. Pero es, quizá, más duro, más escondido, más humilde, ese otro camino de lo pequeño, de lo que nadie -sólo Dios y yo­ vemos, de lo que no tiene brillo ante los ojos de los demás, aquello que, además de no ser valorado, reconocido ni agradecido, me toca hacer sin ilusión y con desgana interior.

Este camino de lo pequeño es seguro para llegar a unirme con Dios. Es ahí, en mi pequeña vida ordinaria, donde Dios me espera. Mientras sueñe con una santidad ilusoria, distinta -en el contenido y en el modo- de la que Dios quiere para mí, estaré echando agua por un colador y, lo que es peor, seguiré enredandome en la madeja de las mil formas de voluntarismo soberbio que me hacen creer que soy yo el protagonista y artífice de mi propia santidad. Rehúye lo aparatoso y espectacular, lo extraordinario y llamativo a los ojos de los hombres, y entenderás muy bien la esencia del Evangelio. Esa fue la esencia de la espiritualidad de María.