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 textos marianos

FORMAS PRIMITIVAS DE VENERACIÓN MARIANA

 

La veneración a la Madre de Dios ha sido desde el principio, y lo sigue siendo, la dedicación de iglesias, templos, ermitas o eremitorios como en la Iglesia católica de tradición latina, llevando su nombre y estando bajo su especial protección y amparo, así como celebrando la fiesta patronal con una fiesta mariana. La pintura de imágenes y murales, que representan misterios de la salvación, son medios de santificación, canales de gracia y pedagogía de la fe, esmerado cultivo del espíritu artístico, alimento de la espiritualidad, que tratan de aproximarnos a lo que representan. En esta técnica iconográfica y pintura mural, tan antigua y querida como celosamente conservada por la tradición bizantina incluso en nuestros días, tampoco falta la presencia de la Virgen María. Las más antiguas imágenes de la Madre de Dios las encontramos en las pinturas murales de las catacumbas romanas, como por ejemplo en la de Domitila, del siglo IV, donde están representados el profeta Isaías y la Virgen con el niño Jesús.

En la iconografía o pintura religiosa mural, empleándose la técnica al fresco o al óleo en el interior de las iglesias y catedrales, los iconos y la representación de la Virgen (siempre con el niño Jesús en sus brazos, o acompañada por los apóstoles después de la ascensión del Señor a los cielos), ocupan un lugar predominante en la bóveda del altar, en el presbiterio, en el iconostasio entre los profetas, en las bóvedas del atrio o pronaos de las iglesias, así como en la representación iconográfica y pictórica del contenido del oficio mariano de la Anunciación.

 La veneración de la Santísima Virgen María, Madre de Dios, se ha venido expresando en el culto público de la Iglesia por los más variados y diferentes géneros de homilías mariológicas, panegíricos, discursos de alabanza, etc., pronunciados por los grandes oradores y predicadores cristianos con ocasión de las grandes fiestas marianas, o incluso en las fiestas cristológicas, sobre todo a partir del siglo V, como lo hicieron los patriarcas Proclo y Germán de Constantinopla, san Andrés de Creta o san Juan Damasceno.