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EL INMACULADO CORAZON DE MARIA

 La fiesta del Inmaculado Corazón de María no tiene día fijo en el mes, porque es el día siguiente a la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Y ambos, el viernes y el sábado después del Domingo del Corpus Christi, también fiesta movible, dos semanas después de Pente­costés. En todo caso, suele ser en el mes de junio.

En la Sagrada Es­critura el corazón es el lugar donde maduran las disposi­ciones del hombre, buenas o malas; es el centro de la vida mo­ral, como principio y origen de la responsabilidad, como conciencia;  el corazón representa el centro de toda la vida espiritual del hombre. Muchos textos del Antiguo Testamento, hacen del corazón la sede del encuentro con Dios. El Corazón de María aparece en el relato evangélico: María guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón.

  San Juan Eudes en el siglo XVII, se refería al Corazón de María como símbolo del amor de la Virgen: «Deseamos honrar en la Virgen Madre de Jesús no solamente un misterio o una acción, (…)  sino que desea­mos honrar en ella ante todo y principalmente la fuente y el origen de la santidad y de la dignidad de todos sus misterios, de todas sus acciones, de todas sus cualidades y de su misma per­sona, es decir, su amor y su caridad pues son el principio de toda santidad»

San Antonio María Claret, personalmente y por medio de su Congregación de Misioneros Hijos del In­maculado Corazón de María, influyó en la propagación de esta devoción. Por otra parte, la Virgen se refirió a su Inmaculado Corazón en los mensajes dirigidos a los tres pastorcillos de Fátima en 1917.

Cuando evocamos y celebramos el Corazón de la Madre, vemos en ella a la mejor discípula de Jesús: la que guarda el Evangelio en su corazón, la que acoge la Palabra y la cumple. Vemos a la Madre que amó como nadie a su Hijo y nos enseña a amarle sobre todas las cosas. Y vemos a una Madre que nos ama profundamente, personalmente a cada uno de sus hijos, y quiere que un día gocemos con ella en la gloria que su Hijo nos ganó y nos ofrece.