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LA CURACIÓN DE  REGINALDO

 El 12 de febrero de 1220 murió, súbita y santamente en París, el Beato Reginaldo de Orleáns, a quien Santo Domingo había enviado a fundar el famoso convento de Saint Jacques de la capital francesa. Hacía sólo cuatro años que estaba fundada la orden, y al fundador sólo le que­daba un año de vida. Fray Reginaldo era uno de los frailes de mayor confianza de Santo Domingo.

Cuentan las crónicas dominicanas: "Cuando llegó a roma Reginaldo, deán de San Aniano de Orleáns, contrajo una grave enfermedad. El Maestro Domingo (de Guzmán) le visitó algunas veces. Y, cuando le exhortó a abrazar la pobreza de Cristo y a entrar en su orden, obtuvo de él libre y pleno consentimiento, obligándose incluso por voto. Prácticamente desahuciado, se vio, no obstante, libre de su grave enfermedad, aunque no sin la intervención del Señor por medio de un milagro. Efectivamente, en plena fiebre abrasadora, se le hizo visible la Reina del cielo y Madre de misericordia, la Virgen María; le ungió con el saludable ungüento que traía consigo: ojos, nariz, oídos, boca, vientre, manos y pies, mientras decía: Unjo tus pies con óleo santo, para prepararlos al anuncio del Evangelio de la paz. Le mostró, además, el hábito completo de nuestra orden. Sanó al instante, y su restablecimiento fue tan súbito y completo, que los médicos, al ver los síntomas evidentes de su salud, quedaron admirados, pues ya casi desesperaban de su curación. El Maestro Domingo dio a conocer después este famoso milagro a muchas personas que aún hoy lo testifican. Y yo mismo estuve presente cuando se lo refirió a varios en París, en una conferencia espiritual."