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 textos marianos

LA ORACIÓN DE SAN CASIMIRO 

Llamada, también, «oración enterrada«, compuesta por el que un día, en 1417, estuvo llamado a ser rey de Hungría, a cuyo trono renunció por­que no quería derramar sangre alguna. Falleció a los 25 años de edad, el 4 de marzo de 1483, y fue sepultado en la iglesia de Welmes, en la capital de su ducado. Fue autor de una oración dedicada a la Virgen, que rezó todos los días de su vida y con la que pidió ser enterrado. Al abrir su fosa, el año 1604, se encontró entre sus manos, incorruptas, el papel de la oración:

«« ¡Oh, alma mía!, tributa tus homenajes diarios a María, solemniza sus fiestas y celebra sus virtudes resplandecientes. Contempla y admira su augusta dignidad y proclama su dicha como Virgen y como Madre. Hónrala a fin de que te libre del peso de tus pecados; invócala para que no te veas arrastrado por el torrente de las pasiones... ¡Oh, María, honor y gloria de todas las mujeres!

Tú, a quien Dios ha elevado sobre todas las criaturas, escucha, Virgen misericordiosa, los votos de los que no cesan de alabarte: Purifica a los pecadores y hazlos dignos de todos los bienes celestiales. ¡Salud, OH Virgen santa!, por quien han sido abiertas las puertas del cielo a los miserables. Bendita seas tú, a quien jamás sedujeron las astucias de la serpiente. Tú que eres la reparadora, la consoladora de las almas de­sesperadas, presérvanos de los males que hieren a los malvados. Pide para mí que goce de una paz eterna y que no tenga la desgracia de ser presa de las llamas del lago de fuego. Pide que sea casto y modesto, dulce, bueno, piadoso, prudente, recto y enemigo de la mentira. Ob­tenme la gracia de la mansedumbre y el amor a la concordia y a la pureza; haz, en una palabra, que sea firme y constante en los caminos del bien.«