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LA VERDAD SOBRE LA IGLESIA PRIMITIVA

 

Es importante destacar la publicación en 1833 de una de las  grandes obras del Beato John Henry Newman: Los arrianos del s. IV. Newman –uno de los más famosos conversos ingleses de todos los tiempos, era aún anglicano- halló un modelo espiritual a imitar en la Iglesia primitiva:  una religión que era espiritual sin emocionalismo, e intelectual sin racionalismo, y una Iglesia que era templo de sabiduría y santidad sobrenaturales. La Iglesia primitiva se alzaba como el verdadero equilibrio religioso, la esencia evangélica.

Las conclusiones abrieron una importante brecha no sólo con sus raíces religiosas evangélicas, sino también con el espíritu liberal y modernista que estaba empezando a calar en la teología cristiana, especialmente en la protestante. Tanto los protestantes como los teólogos modernistas defendieron el mito de que la Iglesia primitiva se había echado a perder cuando entraron los dogmas de fe tan racionales y el autoritarismo del Papa. Newman, por el contrario, había descubierto que esta tesis no era cierta. “Los documentos primitivos nos hablan de una voz que se pronunciaba con autoridad y que definía la doctrina. Los arrianos fueron derrotados gracias a que la autoridad se pronunció, y de modo semejante, la voz de la autoridad salvó a la Iglesia de las otras herejías primitivas que la atacaban".

El Papa y los dogmas, por tanto, no eran los causantes de la perdición de la Iglesia sino que, por el contrario, habían salvado a la Iglesia primitiva de la descomposición de las herejías. Lutero rechazaba el uso de la razón y defendía que sólo la fe bastaba, pero la Iglesia primitiva no había considerado lo mismo y había usado la razón para defenderse de los herejes, para explicar la fe a través de los dogmas conciliares.

Newman se identificó personalmente con la escuela mística de Alejandría y muy especialmente con san Atanasio. El amor a la verdad, incluso cuando este amor conduce a la soledad, fue uno de los rasgos que atrajo a Newman, el cual habría de vivirlo punto por punto. Su identificación con san Atanasio fue algo más que simbólica.