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EFEMÉRIDES MARIANAS DE MARZO

 

El 17 de marzo de 1141 fue consagrado el altar de la histórica capilla ««dels perdons» en la antigua parroquia de Santa Ana de Barcelona. La capilla es la primera sede de la Orden de los Caballeros del Santo Sepulcro de Jerusalén en el principado de Cataluña, y en ella se venera la imagen de Nuestra Señora del Santo Sepulcro, ante el cuerpo muerto de su Hijo.

 

El 17 de marzo de 1893, el Papa León XIII, mediante su carta apostólica Pastoralis muneris, constituye la Orden de los Cistercienses Reformados de la Santísima Virgen de la Trapa. Herederos de San Bernardo, los monasterios cistercienses han sido siempre, además de casas de la Virgen, pues a ella están todos dedicados, escuelas de amor y de devoción a la Virgen.

 

Honorio III, amigo personal de San Francisco y Santo Domingo, fue un Papa providencial en la iglesia, que en su pontificado vio nacer una nueva primavera, con las grandes órdenes mendicantes de franciscanos, dominicos y carmelitas. Su predecesor, Inocencio III, ya había aprobado verbalmente el género de vida iniciado por Francisco y sus compañeros, y Honorio III la ratificó. Algo semejante ocurrió con la Orden de Predicadores: Domingo de Guzmán ya acudió a Inocencio III, que vio con buenos ojos su proyecto de vida religiosa apostólica, pero fue Honorio III quien por la bula del 22 de diciembre de 1216 confirmaba oficialmente la Orden Dominicana. Asimismo el 30 de junio de 1226, aprobaba la regla de la Orden de los Hermanos Ermitaños de la Virgen María del Monte Carmelo (carmelitas). Tres órdenes religiosas, cuya aportación a la teología y a la devoción mariana ha sido decisiva en los últimos ocho siglos de la historia de la Iglesia.

 

El 18 de marzo de 1922, al mes siguiente de ser elegido Papa, Pío XI decía con ocasión del VI Centenario del «Privilegio Sabatino»: Nos es muy grato dar testimonio del amor a la Santa Madre de Dios, a la que desde niño queremos intensamente, con esta prueba de piedad, y comenzar nuestro pontificado bajo su protección... La Virgen ama a los que la aman, y nadie puede esperar confiadamente su ayuda en la muerte, si en la vida no se iniciare en esa amistad, ya sea evitando los pecados, ya sea haciendo aquello que redunda en su honor

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