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MARIA EN MI VIDA

 

Cada vez que a mí mismo me vuelvo, a mi ser más verdadero, allá donde todo es recuperada paz, libre de rutinas y tedios, me encuentro con la Virgen Madre María, como memoria de Jesucristo, y estímulo de mi mejor yo y más divino. Me ha acompañado desde niño como una dulcísima atmósfera, como una presencia fiel, necesaria, materna, en la que se vive y respira aire limpio y libre. Estoy en deuda con Ella y quiero proclamarlo. ¿Cómo agradecerle al Señor el don que María ha sido para mí, ahora que, mirando en pers­pectiva, me doy cuenta de lo que antes no era consciente ni sabía formulármelo?

 

 En mi infancia María era entonces para mí la Madre de Dios. O mejor, lo sé expresar ahora, icono o sacramento de la grandeza y el amor mater­no de Dios, en mi pequeña vida, en el recurso a Ella en mis oraciones infantiles ante sus imágenes. Era mi puerta al mundo de Dios.

En mi adolescencia, mirando a la Inmaculada, la veía pro­digio de la gracia, isla de ternura, emergente purísima en un mundo de egoísmos y mil esclavitudes, me olvidaba de mí como si me empujara hacia más alto, a mí que caminaba a tientas y altibajos, porque aprendía de Ella que es bueno ser bueno, y más libre y feliz y, sobre todo, posible; que la vida es fecunda si se entrega y no se encierra en sí misma, estéril si se reserva. Sin ser yo consciente, era mi camino a Jesús, me iba acercando a Jesús. Mirándola le veía a Él. ¿Cómo iba a ser de otra manera si era toda de Él, toda y siempre referencia a Jesús, como un evangelio vivo? Un Jesús familiar y amigo, humano.

Con el paso del tiempo, poco a poco, María se iba quedando como en un segundo plano en mí, como Ella misma en la vida pública de Jesús. Y me iba haciendo, no sé cómo, cada vez más de Jesús, más su amigo. Compañero y amigo, insepara­bles ya de por vida, en la Compañía de Jesús.

Ahora María sigue siendo la de siempre, en su discreto y elegido humilde lugar, siempre a mano para todos. Porque es toda de Dios, está siempre conmigo, contigo, con nosotros.

Vicente Marqués Ruiz, SJ