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 textos marianos

MENCIONES A MARÍA EN EL SIGLO II 

En la primera mitad del siglo II el único autor que menciona a María es el gran obispo Ignacio de Antioquía, que sufrió el martirio en Roma hacia el año 110. Entonces precisamente, comenzaba a amenazar a la joven Iglesia la peligrosa herejía del docetismo, según la cual Cristo habría asumido un cuerpo aparente, no un verdadero cuerpo humano. La mejor defensa contra tan peligrosa doctrina, que atacaba la sustancia misma del cristianismo, o sea la encarnación y, consiguientemente, la misma redención, era recalcar la realidad del nacimiento de Cristo del seno de María. Por esto, escribe Ignacio en su carta a los trafianos: «Jesucristo... que fue de María y nació verdaderamente»; y en su carta a los efesios, acentúa su doble nacimiento «de María y de Dios» de suerte que nadie pudiera dudar de que María gestó a su Hijo como cualquier otra madre humana.

La figura de María se menciona con relativa frecuencia en los llamados apócrifos, donde la describen con rasgos muy distintos de los de la sencillísima y humilde Virgen del Evangelio de Lucas. Pero, aparte de los errores y fantasías que manifiestan- concretamente el Protoevangelio de Santiago- son una prueba clara de que, ya en los primeros tiempos de la Iglesia, María era considerada como una «madre con muchas misericordias».

Con los apologistas de la segunda mitad del siglo II, pisamos de nuevo un terreno bíblico más firme. El más importante para la mariología fue san Justino Mártir (hacia 165). Pertenecía a una familia griega, gentil, de Palestina y como los filósofos griegos dejaron insatisfecha su sed de verdad, se hizo cristiano y se dedicó en adelante a la defensa de su fe. Es el primero en introducir el paralelo Eva-María, que posiblemente halló ya en la tradición de la naciente Iglesia. Según Justino, Cristo se hizo hombre naciendo de una virgen, «a fin de que, la desobediencia provocada por la serpiente, fuera anulada de la misma manera que había surgido». Porque Eva, cuando aún era virgen e incorrupta, habiendo concebido la palabra que le dijo la serpiente, dio a luz la desobediencia y la muerte; mas la virgen María concibió fe y alegría, cuando el ángel Gabriel le dio la buena nueva... y ella respondió: «Hágase en mí según tu palabra». Aquí, María, su virginidad y obediencia se comparan y, a la par, se contraponen con Eva: ambas eran vírgenes cuando oyeron las pala­bras decisivas. Pero, mientras Eva respondió desobedeciendo a un mandato de Dios y su desobediencia llevó a la muerte, María obedeció a su creador y concibió fe y alegría en el nacimiento del Señor.