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NUESTRA SEÑORA DE LA DIVINA PROVIDENCIA

 El culto a Nuestra Señora de la Divina Providencia se origina en Italia en el siglo XIII y luego pasa a Tarragona, España. Monseñor Gil Esteve Tomás fue nombrado Obispo de Puerto Rico. Siendo él catalán, llevó la devoción a la Virgen de la Divina Providencia. En manos de Ella puso la diócesis que le tocó pastorear, pues la situación que se encontró al llegar a la isla era desastrosa. La Iglesia Catedral estaba en ruinas y las cuentas en números rojos. Pero la confianza puesta en la Virgen dio sus frutos y en cinco años la Catedral se restauró, estableciéndose allí el culto a la Virgen de la Divina Providencia.

El nombre de la Divina Providencia se le atribuye a San Felipe Benicio, quinto superior de lo Siervos de María. Un día, la comunidad se encontraba sin nada para comer, por lo que invocaron la ayuda de Nuestra Madre. Al rato encontraron a la entrada del convento dos cestos llenos de comida.

La imagen original se realizó en Barcelona y estuvo expuesta durante 67 años. Luego se reemplazó por una talla de madera espléndida donde se ve a Nuestra Madre levemente inclinada sobre el Niño Jesús, velando su sueño con amor y ternura.