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 textos marianos

OSCURIDAD FORZOSA DE MARÍA EN LOS PRIMEROS TIEMPOS DEL CRISTIANISMO

 

En el AT, la Virgen aparecía velada en múltiples profecías; en el NT, sólo sale a la luz en los primeros capítulos de Lucas, para volver de nuevo a la oscuridad durante la vida pública de su Hijo y fundirse, más adelante, con la figura de la Iglesia en las visiones del Apocalipsis. Esta alternancia de luz y sombra se repite también en los primeros siglos cristianos. Para comprender este fenómeno hemos de recordar el ambiente en que se desarrolló la naciente Iglesia.

La religión helenística era sincretista, con rasgos desagradables de éxtasis desenfrenados y perversiones sexuales. El culto a la  diosa madre(la frigia Cibele, la Astarté palestina, la Isis egipcia y la  Artemis de Éfeso) estaba extraordinariamente difundido; pues, aparte que muy a menudo complacía los más bajos instintos, respondía también a un anhelo profundamente humano de protección maternal y comprensión fe­menina, que no podían satisfacer los dioses masculinos.

Cuando el cristianismo comenzó a propagarse no sólo entre las comunidades judías del imperio romano, sino también, por obra de Pablo, entre los gentiles, la primera labor de los apóstoles y sus sucesores hubo de ser: asentar de manera inequívoca que había un solo Dios, que se había hecho hombre en Cristo, que no tole­raba rivales masculinos ni femeninos y era, a la par, creador y redentor del mundo. En aquella situación, poner de relieve a la madre-virgen hubiera podido inducir a comparaciones y hasta a identificaciones erróneas, que a todo trance había que evitar.