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TEXTOS MARIANOS DEL SIGLO III

 

Después de Ireneo, Tertuliano, Clemente de Alejandría y Orígenes en la segunda mitad  del siglo III, nuestras fuentes hablan poco de María. En occidente, Cipriano (t 258) fue el primero que relacionó Is 7, 14 con Gén 3, 15 s: «Esta descendencia saldría de la mujer y aplastaría la cabeza de la serpiente (la descendencia (Cristo), por tanto, no la mujer». En oriente, parece ser Pedro de Alejandría (311) el primero que atestigua el título de María aeiparthenos, «siempre virgen». Su contemporáneo Metodio, que enseñaba filosofía y exégesis en Licia, compara muy a María con la tierra virginal de que fue formado Adán.

 

Mas, aun cuando el material mariano de la teología de este período sea escaso, poseemos, sin embargo, dos documentos que demuestran que la devoción cristiana a la madre de Dios estaba ya muy desarrollada. El primero es la descripción de una visión de María, que se atribuye a Gregorio el Taumaturgo ( hacia 270). Se halla en un panegírico en honor del santo, que, con bastante seguridad, pertenece a Gregorio de Nisa. Si bien la obra misma se compuso a mediados del siglo IV, la autenticidad de la visión es muy probable. Si se compara la visión con posteriores apariciones de la Virgen, la descripción de Gregorio Niseno es muy reservada. María se aparece al Taumaturgo, por la noche, acompañada por el apóstol Juan, «como una figura femenina sobremanera grande», entre claro resplandor, «como si se hubiera encendido una tea luminosa», y manda a Juan que exponga al joven (Gregorio, el futuro taumaturgo) el misterio de la piedad (es decir, la verdadera fe); y Juan responde que está dispuesto a hacerlo por la Madre del Señor, ya que, éste es su deseo»“.

 

Otro documento de devoción popular mariana es el fragmento de un papiro que acaso pertenezca ya al siglo III, pero con seguridad, a más tardar, al siglo IV. Es evidentemente una primera forma de nuestro "Bajo tu amparo…" La traducción literal del fragmento griego es: «Madre de Dios, (oye) mi súplica: No permitas que estemos en necesidad, sino líbranos, del peligro. Tú sola...». Aun cuando el fragmento de papiro perteneciera a la mitad del siglo IV, ello no significaría que la oración no pudiera ser más antigua.

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