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 textos marianos

«TODO POR MARÍA»
SAN BERNARDO

 

     S. Bernardo de Claraval (m.1153), nacido en su Dijon francés, fue el monje cisterciense que más trabajó por la unidad y la paz de Europa. Escribió mucho. Predicó más todavía. Anduvo con frecuencia en misiones de obediencia y en difíciles arbitrajes reconciliadores. Es increíble cómo en el arco cronológico de 63 años pudo llevar a cabo tantas empresas apostólicas, monásticas, sociales. Santo extraordinariamente mariano. Mencionar su nombre es evocar a María.

    Predicó admirables homilías en honor de la natividad de la Virgen, de su Anunciación y de su Asunción. Gracias a la fiel trascripción de sus Sermones hoy podemos saborear, en ediciones críticas su genuino estilo y su alma apasionadamente mariana.

Entre sus textos marianos seleccionamos dos ideas-eje: la mediación universal de la Virgen y la necesidad filial de invocarla en todas las circunstancias. Sobre este dinámico eje discurre el caudal abundante de sus enseñanzas de ayer y de hoy porque tienen la frescura viva de todos los amaneceres y el perfume de la flor inmarchitable.

De todas las formas gramaticales posibles, utilizando frases afirmativas y negativas, Bernardo es el Doctor de la mediación universal mariana, porque: «La voluntad del Señor es que recibamos todas las gracias por medio de María como fue igualmente su voluntad de que no recibiéramos ningún auxilio divino sin que éste pase por las manos de María». La consecuencia es obvia: recurrir confiadamente siempre a Ella.

De la pluma de Bernardo han salido las páginas más hermosas y vehementes de amor y confianza en María: «Preclara y eximia estrella elevada sobre este grande y espacioso mar, iluminadora de todos con sus ejemplos. No apartes los ojos del resplandor de esta estrella: Mira a la Estrella, llama a María»

Bernardo no se cansa de repetir por activa y por pasiva: «En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María. Que no se te aparte jamás de la boca ni se te ausente del corazón. Siguiéndola no te desvías, pensando en Ella no yerras. Teniéndote Ella de su mano, no caes. Guiándote no te fatigas».